viernes, 27 de marzo de 2015

Cerebros

Que se sabe de los niños, nada en realidad. Que se sabe sobre su salvajismo sin comparación alguna. Que se sabe de sus dientes, filosos como perro. Que se sabe de sus ojos que se encienden con la sangre.
Me comieron la garganta y la usaron con su voz. Me comieron los ojos para aplastarlos con sus caras. Me torturaron la cabeza con canciones macabras.
Una noche de aquellas me acerque a un salón, no sentía ni la respiración de mi corazón. La noche me helaba las entrañas. Caminaba sin saber. Un niño se acerco a ayudarme. Caminaba con una serpiente en la boca. Sus ojos se iluminaban con la poca luz que mi cara irradiaba. Nunca confié en los niños, mucho menos en sus juguetes. En su mano portaba un payacito que una sonrisa demostraba. Camino hacia mi rodilla. Mi cara temblaba. Negro es el color que sentí, negro es el color que siente el mundo cuando ve a un niño salvaje.

No hay comentarios:

Publicar un comentario